Pizza.

Otra de mis estúpidas anécdotas. Soy taaaaan tonta.

Su codo cae sobre la mesa y apoya su cabeza en su mano, listo para ordenar. Lo imito y, estando cara a cara, lo miro.

Él me regresa la mirada, riéndose igual, quizá pensando lo mismo que yo: no estamos realmente tan borrachos. O no es posible que lo estemos.

Siempre lo he visto reírse. Lo observo sin que lo note, lo cual puede sonar un tanto aterrador, pero lo hago de manera casual, ni siquiera instigadora.

…Esta vez hay algo diferente, y solo puedo adjudicarlo al alcohol.

Nuestras miradas chocan, y no creo que haya una risa mejor que aquella: la de él, su risa.

Esa en la que se ríe como si tuviera vergüenza, y luego mira hacia abajo.

Siempre lo he visto como un chico imposible, pero esta vez siento que si lo besara de frente, sin pensar, estaría bien y a ninguno de los dos nos importaría.

Mirarlo, conservando mi estado de ebriedad, mientras escogemos una pizza, la tarea más fácil de la vida que en nuestro estado se nos hace una odisea.

Tenemos la misma favorita, y tomo ese hecho como una señal. A estas alturas de la vida, todo es una señal. Hasta chocamos las manos al saber que nos encanta la misma.

Ilusa.

Me río de la nada, pensando que no estoy tan borracha, claro que no, solo estoy un poco mareada, debe ser que no he comido…

Pero en un breve instante de lucidez, recuerdo que yo no le gusto a él.

Porque soy su “amigo”. Su “hermano”.

Y solo en ese momento soy capaz de ordenar la pizza.

De esas veces que te gusta alguien.

Hace un poco más de un año, comencé a hablar con una persona (una persona nueva, una amistad nueva).

Nunca creí que llegaría hasta el punto de dedicarle alguna de las cosas que escribo, a pesar de que sean aburridas, o tontas, o malas. No creí llegar a sentirme tan triste para llegar al punto de tener que desahogarme en este sitio, donde publico cada vez que recuerdo que existe, con un post que siento que será un poco largo, siendo optimistas. Siento como si no fuera la gran cosa dedicarle un post a este asunto, o que todos pueden creer que no es la gran cosa, pero para mí significa bastante. Ojalá nunca sepa que escribí o escribo estas estupideces.

Y todo empieza porque hoy me regaló chicles por nuestro año de amistad, después de haber ido a nuestro ensayo poco productivo; estos ensayos se han vuelto momentos demasiado importantes para mí, son de los pocos momentos que puedo pasar con él, así no estemos totalmente solos, porque si eso sucediera yo probablemente actuaría más torpe de lo normal (lo suficiente para derramar mi bebida en el sofá y mojarme un lado del jean; sí, así de torpe, ya me ocurrió cuando vino a mi casa a ver películas).

Todo empieza porque yo me tomo las cosas demasiado en serio, cuando solo son juegos para intentar molestarlo, porque así soy yo, se me salen los tiros por la culata y me dan directo en las rodillas.

Todo comienza porque un 12 de septiembre comenzamos a hablar gracias a un grupo de facebook de mi universidad, donde estamos todos a los que nos gusta el rock (o la gran mayoría). Él me dijo que quería tocar en nuestra uni, pero que en la última tocada que se organizó no había podido participar, así que le ofrecí un lugar dentro de la fiesta por la semana de mi facultad, la fiesta de cierre; aunque yo no era la organizadora, ni siquiera la encargada del tema de las bandas, le dije que hablaría con mi amigo Gabriel, que era el organizador, y que le conseguiría un lugar. No hace falta decir que su banda estuvo entre las que tocaron en la fiesta, y esa fue la primera vez que lo vi en persona porque hasta ese momento solo habíamos hablado por internet; la atracción que yo sentía por él había empezado sin siquiera conocerlo personalmente, solo empezó desde el momento en que hablamos, lo cual puede sonar un poco desesperado, pero no sé por qué estas cosas me suceden a mí. Cuando lo vi, ni siquiera lo vi bien, al día siguiente no estaba segura de cómo era su cara ni nada, pero ya sentía algo, aun cuando yo tenía enamorado.

A partir de esos días, él y yo nos hicimos buenos amigos, con ese maldito gusto de por medio (al menos de mi parte), lo que hacía la cosa un poco más difícil, pero siempre ha sido llevadera. Mientras nuestra amistad avanzaba, yo seguía con mi enamorado, y él terminó y volvió con la susodicha (es la forma graciosa que tenemos o tengo de llamarla) un par de veces, es decir, tuve que soplarme las veces en que me habló de ella, en que me contaba sus crisis de cuando terminaban (incluso el hecho de que me eliminara del facebook porque su flaca desconfiaba de mí. La podía entender porque uno, soy muy celosa y dos, porque ella no imaginaba cosas: a mí me gusta él. El problema es que él jamás me haría caso, y ella lo obligó a hacer algo muy tonto para demostrar eso)…No puedo decir que me dolían demasiado, porque la verdad jamás me dolió mucho que me contara nada de eso, solo era un poco raro, todo se sentía cada vez más del tipo “ya fue”, “ggwp”, y así.

El gusto iba haciéndose cada vez más grande porque hablábamos todos los días, a toda hora, de cualquier cosa, y mientras más sabía, más me gustaba el tonto este, supongo que porque es el tipo de chico con el que siempre he soñado.

Por supuesto para él, soy un hombre más.

Luego de que él terminara con la chica (esta vez definitivamente), surgió la idea de formar una banda entre 5 amigos, Rafael, Jorge, Kennet, él y yo; la idea me emocionaba, pero el hecho de tenerlo cerca también me aterraba, en especial porque me oiría cantar, y canto horrible (vienen a mi mente las casi patadas que ha tirado contra los parlantes grandes de donde sale mi voz cada vez que no alcanzo la nota).

(Momento de break en el que me dediqué a leer parte de nuestras conversaciones por facebook)

(Momento en que lees que le dijiste que era bonito y tenía cara de muñeco, y te mueres de la vergüenza)

(Momento en que te quedas dormida y al día siguiente sigues leyendo su historial de conversaciones por facebook. #CadaVezPeor)

(Momento en que le tomas foto a sus conversaciones antiguas y se las pasas)

No sé si es demasiado desesperado decir que a veces lo invito a salir. Ya hemos ido al Túnel de horror de Plaza Norte, a escuchar sus gritos de flaca, yo asustándome de todo, muriéndome y de casualidad agarrándome de su brazo (de casualidad, realmente, solo por el puro miedo). Ese fue el día que tuve mi entrega de Gestión 2, y le mandé mensajes para salir; creí que me chotearía, porque no me contestó el último, pero finalmente me llegó un mensaje diciéndome que ya estaba ahí, así que tuve que correr a tomar el bus (realmente creí que no aceptaría salir), mientras me llegaban mensajes de él diciendo que ya se iba. A veces lo odio de verdad, hasta que me quiero imaginar que todo lo dice en broma. Cuando llegué, él seguía ahí…y no sé nunca cómo sentirme por ese tipo de cosas. Ese mismo día, él quería comprar su entrada al VxR6, así que saliendo de Plaza nos fuimos caminando hasta no sé dónde (“tú solo déjate llevar”) para tomar un bus e ir a un Plaza Vea donde hubiera un puesto de Tu Entrada; estaba cerrado, así que dijo que la compraría otro día y fuimos a caminar buscando comida, así que vagando por ahí llegamos a un sitio cuyo nombre no recuerdo a comer hamburguesas (él sin cremas, yo con todo lo que puede haber) y tomar chicha. Hablábamos de trivialidades, como siempre, y cada vez que podía lo miraba a los ojos, porque aunque no tienen nada de particular, son de alguna manera…poderosos.

El martes anterior a ese jueves, fuimos a ver Cementerio General 2 porque él quería ver a Leslie Shaw (de la que para nuestra mala suerte no se vio nada) y yo porque el tráiler me había parecido bueno; la película no lo fue tanto, aunque sí hubo algunas escenas que me hicieron cagar para adentro. Ese día caminamos por toda la universidad, hasta por mi facultad, porque quería enseñarle unos dibujos que habían hecho los pastrulos en el pabellón H7…Me gusta caminar con él, así eso implique que me suden las manos, me tropiece con mis pies o me sienta…nerviosa. Hablamos de la segunda parte de su historia, la cual no me queda más que retenerla en la cabeza, así eso sea un problema por culpa de mi estado de ebriedad; nos metimos a los laboratorios de Minas, porque yo nunca me pongo a investigar las facultades y solo me dio curiosidad…Igual él subió por todos los pisos. Ese día terminó en clases de canto express en la noche, en el Petroparque; él dice que le han dicho que su voz es plana, y lo es, pero…a mí realmente no me interesa…

Hemos caminado por la Panamericana Norte, con sol, tomando ron, hasta llegar a Plaza Norte desde Habich (caminando desde la UNI hasta el cruce).

De todas las cosas estúpidas que siento, no hay nada como sentirme deprimida cuando lo veo en línea en el Whatsapp y no me habla, porque maldita sea, hablamos todos los días, y sentir que él no me habla es extraño.

Cada vez que dice que quiere aprender a bailar, se me rompe un poco el corazón, y eso debe ser lo más ridículo que alguna vez he escrito sobre mis sentimientos. “A ustedes les gusta que los hombres sepan bailar” y ahí estaba yo, prácticamente haciendo una declaración, diciendo que había chicas a las que no nos importaba, que yo no sabía y siempre me sentía mal cuando mi ex bailaba conmigo, porque sentía que hacía el ridículo y qué él hacía eso a propósito…Siempre siento que mando una maldita señal, como una estúpida, creyendo que él la notará o le hará caso, pero con cada conversación o salida siento eso más y más lejano.

Al final solo quiero a alguien que se parezca a mí, que tenga vergüenza de bailar pero que le valga verga bailar como un tonto conmigo, que me meta al pogo con él sin necesidad de descuidarme, que se emborrache conmigo porque me encanta emborracharme, que sea sarcástico porque yo lo soy, que ni siquiera me diga que me ama todo el tiempo y solo me haga sentirlo, alguien que sea mi pata listo para armar joda…y que solo me haga reír cuando me siento de la mierda.

“¿Te sabes el chiste de la cereza?”

“Mi hermanito y yo hicimos una canción en verano”

“Wajjj”

“Ya empiezas con la burla”

“Eres como mi hermana”

…En cada una de tus cosas, siento que me hundo, y la fuerza de tu mar me arrastra más y más…No sabes cuánto intento escapar…y al mismo tiempo me dejo arrastrar…porque varias veces a tu lado he dejado de respirar. Es quizá la peor mierda escrita, y sin embargo la siento tan precisa.

Entonces, ahí pertenezco: a la zona de los hermanos, de los broders, de los causas. Bah, que también yo me lo he ganado.

Fin del post este de mierda.

¿Dónde están aquellos hombres?, ¿Dónde están aquellas mujeres?

Yo soy Roiver. Bienvenido a mi Blog

A veces me siento parte de otra época, siento que pertenezco a otro lado o a otro mundo, ¿donde quedaron aquellas personas que sueñan con un amor puro?, o ¿Dónde se esconden quienes esperan a su media naranja?

Ya los hombres no saben como tomarle la mano a una muchacha o ellas devolver ese gesto con una sonrisa coqueta, una sonrisa que te deje pensando en ella días o noches.

Ya a nadie le gusta quedarse una tarde escuchando canciones de amor, baladas en la radio o estar en la azotea viendo las estrellas. ¿Dónde están aquellos que con una mirada dejan a las mujeres ilusionadas?, ¿Dónde están aquellas historias de amor y de pación?, ¿A dónde se fueron las historias de las películas?

¿Dónde están esos amores que luchan hasta el final por poder sobrevivir?, ¿Dónde están aquellos que leen las novelas románticas de los autores mas aclamados?, ¿Dónde…

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El averno.

Comenzaré el post con alguna clase de nueva bienvenida. Hace realmente mucho tiempo que no posteo absolutamente nada, pero es por razones académicas en su mayoría: taller de diseño y clases regulares. También he ‘perdido’ tiempo saliendo con un amigo y debatiéndome entre si decirle a mi ex (ajá, ya no tengo novio) para volver o no. No lo voy a hacer pero he perdido tiempo pensando en eso. En fin, la idea es que estoy de vuelta y espero estarlo por tiempo más seguido…aunque igual difícilmente alguien pasa por este blog (no quiero compartirlo con mis amigos porque sería incómodo para mí tener que verlos al día siguiente de publicar algo que…bueno, cualquier contenido en general). Como sea, ahí va el post.

No recuerdo haber publicado alguna otra de mis obras de este tipo aquí, así que empezaré diciendo que el título de la publicación es el título de la pequeña historia que viene a continuación.

 

*Advertencias, aclaraciones…como quieran llamarlo*: El único nombre humano incluido no hace alusión a ninguno de mis conocidos. No considero que sea ofensivo, pero puede lastimar alguna susceptibilidad por ahí. So…empiezo.

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A quien lea esto.

Incluso con todo su tambaleo, pareciera que Sebas tiene una caminata de militar comparado conmigo al dirigirse a la salida; me mira, se ríe como burlándose del estado en que me encuentro y corre el portón negro que da para la calle tras destrabar un gran cerrojo de metal oxidado. El chirrido me perfora los tímpanos, pero finalmente logro salir de El averno con trabajos gracias a que los movimientos que realizan mis pies o los balbuceos que emito a labio seco están totalmente desligados de mi conciencia. Él me grita que me cuide y que lo llame cuando llegue a casa para asegurarse de que mis entrañas no estarán a la venta en el mercado negro a las doce del día, mientras camino hasta la esquina para cruzar la pista. Me acomodo la casaca, me subo los pantalones que se me vienen chorreando desde anoche, me peino con los dedos, escupo ese jodido chicle sin sabor y meto las manos en los bolsillos.

Me apoyo en la pared con toda la espalda y con un pie, mientras mi hombro recae sobre una columna que sobresale del muro. ¿Cómo era que se llamaban estas cosas? Bah, que ni me acuerdo.

No tengo muy claro qué hora sea, mas sé que es muy de madrugada porque el mayor astro no hace acto de presencia aún pero el cielo anuncia la llegada pronta de la aurora; las luces de los postes se ven como burbujas por reventar y los pocos carros viajan despacio, tratando de no resbalar en el asfalto por culpa de la fina garúa que está cayendo. Una combi se detiene frente a mí y el cobrador me llama, casi obligándome a subirme al vehículo. Ya no recuerdo cuánto bebí anoche y no sé a dónde diablos me lleva el puto carro ese, así que solo niego con la mano y dejo que siga su curso, preguntándome cómo es que esa línea de transportes ya haya empezado su circulación a esta hora. Hace mucho frío; el invierno acaba de empezar; mi casaca de cuero se me resbala del hombro derecho, exponiéndome aún más al aire gélido que me susurra en la nuca. Miro al piso por unos minutos, pensando en nada, hasta que escucho la voz de una chica a mi lado saludándome. No sé quién en es, o quizás sí y no me acuerdo, pero su cabello color zanahoria y su mini vestido morado me dan vueltas en la cabeza tratando de recordarla. Habla mucho con esa voz entre grave y aguda y yo casi no presto atención a lo que me dice sino a lo largas que son sus piernas, que con esa corta prenda se me hacen kilométricas. Mis botas negras bañadas de lodo y otros líquidos tóxicos se acomodan de forma que les permito espiar debajo de la falda de la chica, mis manos se deslizan por su cuerpo tan cuidadosamente como se deslizan los carros en la autopista pero, a diferencia de estos, mis extremidades no tienen frenos y dan vueltas de campana en las curvas más peligrosas. Nos besamos y su morado labial líquido se embarra en nuestros rostros. Morado metálico, olor a bayas, la calle huele a orina y otras cosas que no identifico inclusive tras haber despertado entre bolsas de basura en esas calles desde hace años por culpa de que algún animal me crea parte de los desperdicios…pero ella huele a algo que me excita, huele a algo que me pone al borde del abismo y al borde de las carreteras que cruzan la frontera. Me estorban los pantalones de cuero, a ella no sé si le arde alguna parte del cuerpo. Se muerde el labio inferior mirándome a los ojos y juega con su cabello anaranjado de muñeca; se quita la vincha y se la cuelga al cuello; su delineador está tan corrido como a mí me dan ganas de estarlo. Sus filudas uñas negras se incrustan en mis hombros mientras me presiona contra la pared con agresividad; luego se gira para darme la espalda y dejar mi boca al alcance del hueco entre su cuello y su hombro, frota su cuerpo contra el mío y coloca mis manos en su cadera tan lentamente que me quedo idiota. No creo que seamos de la misma naturaleza ni que se haya dado cuenta de eso, pero disfruto cada segundo del contacto y transmisión de su calor. Nos besamos otra vez, no sé si con deseo, no sé si con hambre, no sé nada en este instante ni a esta altura de la situación.

Suelta un gemido sin pudor.

Se pega a mi humanidad otra vez pero ahora lo hace de frente, se ríe antes de dirigir sus manos a mi bragueta, siento sus pechos golpearse contra los míos y creo que ella también lo nota porque se le borra la sonrisa. Me habla algo que entiendo a medias y le contesto algo coherente pero estúpido, estoy segura de eso. Ella se enoja y se aleja de mí, golpea sus tacones contra el piso haciendo un berrinche, se los quita y con los pies desnudos se sienta en las escaleras del pórtico del costado; saco un cigarro del bolsillo, le ofrezco uno, lo rechaza, me encojo de hombros y enciendo el mío. Primera pitada, despeino su cabello naranja artificial con una mano y me largo de esa calle buscando algún taxi que me lleve a mi casa para poder llamar a Sebastián.

No sé si me confunde con un chico o es que yo desbordo mucha testosterona. Y las luces de la ciudad me ponen a temblar.

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Y eso es todo. No me digan cosas como “no entendí el final” porque…tendrían que meterse en mi cabeza para entender exactamente por qué lo escribí de la manera que lo escribí. Ahora sí, opiniones sean bienvenidas…aunque no sé si alguien lea esto…igual me prepararé para las críticas de todo tipo. Ahí nos leemos.

PD: tengo muchas más historias…bueno, ok, no muchas, pero más. Necesito hacerles edición y terminarlas, ojalá pueda publicarlas aquí sin que terminen en algún otro lugar (tampoco es que sean las historias de la vida, pero ya roban cualquier cosa en la red hasta el nick o nombre de usuario).

Destroying Jesus

Como siempre,  mis títulos son pensamientos fugaces que nada tienen que ver con el relleno del post así que…adelante.

“Sal con una chica que lea. Sal con una chica que se gaste el dinero en libros en vez de en ropa. Que tenga problemas de espacio en el armario porque tiene demasiados libros. Sal con una chica que tenga una lista de libros que quiere leer y carné de la biblioteca desde los doce años.

Encuentra una chica que lea. Sabrás que lo hace porque siempre llevará un libro a medias de leer en el bolso. Será la que mire con amor las estanterías de la librería, la que llora silenciosamente cuando encuentra un libro que quería. ¿Ves la chica rara que huele las páginas de los libros viejos en una librería de segunda mano? Esa es la lectora. Nunca se pueden resistir a oler las páginas, especialmente si están amarillentas.

Es la chica que lee mientras está esperando en la cafetería del final de la calle. Si echas un vistazo a su taza, verás que la crema del café está flotando en la superficie porque ya está absorta, perdida en un mundo que el autor ha creado. Probablemente, te mire fugazmente, como la mayoría de las chicas que leen no le gusta ser interrumpida. Pregúntale si le gusta el libro.

Invítala a otra taza de café.

Hazle saber lo que piensas de Murakami. Ve si pasó del primer capítulo de La Comunidad. Entiende que si te dice que entendió el Ulises de Joyce, sólo lo está diciendo para sonar inteligente. Pregúntale si ama a Alicia, o si le gustaría ser Alicia.

Es fácil salir con una chica que lee. Dale libros por su cumpleaños, por Navidad y en los aniversarios. Dale el regalo de las palabras en poesías, en canciones. Dale a Neruda, a Pound, a Sexton, a Cummings. Déjale saber que entiendes que las palabras son amor. Entiende que ella sabe la diferencia entre los libros y la realidad pero, por Dios, ella está tratando de hacer su vida un poco más como su libro favorito. Nunca será tu culpa si ella lo hace.

Ella tiene que intentarlo, de algún modo.

Miéntele. Si entiende de sintaxis, entenderá que necesitas mentir. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación, valor, matiz, diálogo. No será el fin del mundo.

Fállale. Porque una chica que lee, sabe que el fracaso siempre lleva al clímax. Porque son chicas que entienden que todas las cosas llegan a un fin. Que siempre puedes escribir una secuela. Que puedes comenzar una y otra y otra vez y aún ser el héroe. Que la vida está destinada a tener uno o dos villanos.

¿Por qué tener miedo de todo lo que no eres? Las chicas que leen entienden que la gente, como los personajes, se desarrollan. Excepto en la serie de Crepúsculo.

Si encuentras una chica que lee, manténla cerca. Cuando la encuentres despierta a las dos de la mañana, apretando un libro contra su pecho y sollozando, hazle una taza de té y abrázala. Puedes perderla por un par de horas, pero siempre regresará contigo. Hablará como si los personajes en el libro fueran reales, porque, por un rato, siempre lo son.

Le propondrás matrimonio en un globo aerostático. O durante un concierto de rock. O muy casualmente, la próxima vez que esté enferma. Por Skype.

Sonreirás tanto que te preguntarás por qué tu corazón no ha explotado y sangrado por todo tu pecho todavía. Escribirás la historia de sus vidas, tendrán niños con nombres extraños y gustos todavía más extraños. Ella le presentará a tus niños al Gato en el Sombrero y a Aslan, quizás el mismo día. Caminarán juntos el invierno de su vejez y ella recitará a Keats en voz baja mientras tú te sacudes la nieve de las botas.

Sal con una chica que lee, porque te lo mereces. Te mereces una chica que pueda darte la vida más colorida imaginable. Si tú sólo puedes darle monotonía, y horas duras y propuestas a medias, entonces estás mejor solo. Si quieres el mundo, y los mundos más allá de éste, sal con una chica que lea.

O mejor aún, sal con una chica que escriba.”

Hacía mucho tiempo que no lloraba de emoción y dolor al mismo tiempo. Ojalá pudieras ver más allá. Ojalá yo no esperara tanto.